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Las empresas comprometidas con la igualdad de mujeres y hombres cuentan…

10 febrero, 2011

Ya no recuerdo si os contamos aquí, en el blog, que en el Estudio que estamos realizando para conocer la situación laboral de las mujeres con discapacidad intelectual y/o enfermedad mental queríamos incorporar a empresas que ya hubieran adoptado un compromiso concreto con valores relacionados con las políticas de género o que fueran sensibles a su propio impacto social.

Y así es como decidimos que las casi cincuenta empresas que Emakunde-Instituto Vasco de la Mujer tiene reconocidas como Colaboradoras en materia de igualdad tenían cosas muy interesantes que contarnos. Aceptaron participar 17 de ellas, un número muy interesante, y  con experiencias diversas: de sectores muy diferentes, de tamaños variados, etc.

Cuando publiquemos el Estudio completo podréis encontrar información más detallada. En este post os dejamos algunas de las conclusiones a las que estamos llegando gracias a sus opiniones y experiencias:

  • Las personas, y por ende las empresas, disponen de ideas muy generales y en ocasiones muy vagas sobre lo que es una discapacidad intelectual o una enfermedad mental. Los estereotipos, y también los prejuicios, ganan al conocimiento directo de estas realidades. Tampoco se conoce la situación laboral real de las personas de estos dos colectivos, aunque se intuye.
  • Más que la incorporación de personas en plantilla, se da la contratación de servicios realizados por empresas de trabajo protegido.
  • La Gestión de Personas de las empresas no tiene adaptados sus procesos de gestión a estos dos fenómenos que estudiamos aquí.
  • Salvo las empresas muy grandes, en el resto no se ha reflexionado hasta el momento sobre los tipos de puestos que podrían ser desempeñados por personas con discapacidad intelectual y/ o enfermedad mental.
  • Se da un conocimiento muy muy amplio -lo de “muy muy” está repetido adrede- de los agentes sociales, económicos, de apoyo al desarrollo laboral de personas con problemas de inserción, etc. que ayudan en esta tarea.
  • Las empresas grandes disponen de estrategias concretas y planes de Responsabilidad Social Empresarial. Las pequeñas, por su parte, se sienten muy cercanas a compromisos de carácter social. Sin embargo, son pocas las empresas que se acercan a la discapacidad y a la enfermedad: lo hacen o las grandes o las que realizan servicios de consultoría de corte social. Ninguna de las empresas participantes ha desarrollado ningún proyecto en el converjan, intencionadamente, mujer y discapacidad intelectual y/o enfermedad mental.
  • En el futuro inmediato, son pocas las que visualizan la posibilidad de incorporar a la plantilla a alguna mujer en este sentido. Principalmente, por disponer de estructuras muy ajustadas y por entender que las tareas habituales no pueden ser asumidas por estos dos colectivos. La contratación de servicios realizados por parte de empresas de trabajo protegido sí podría ir en aumento.
  • Quienes han contado en su plantilla con personas con discapacidad intelectual y/o enfermedad mental valoran muy positivamente  la experiencia. Tanto por el rendimiento de su trabajo y su identificación con la empresa como por el ambiente saludable que genera su presencia. Ninguna de estas experiencias ha identificado diferencias por motivo de género. ¿Y dificultades encontradas? Más que dificultades, la necesidad de trabajar muy bien la adaptación persona-puesto y persona-área de trabajo y realizar un seguimiento periódico para velar por la integración real.
  • Quienes no han contado en su plantilla con personas con discapacidad intelectual y/o enfermedad mental alegan las siguientes razones: por su tamaño reducido y ajustado a las necesidades de la empresa, por el tipo de tareas realizadas, por no haber dispuesto de candidaturas, por no conocer cómo realizar este proceso de búsqueda de personas de estos dos perfiles personales, o por no haberse dado un debate previo en la empresa que orientara a la acción en esta línea de contratación.

Y, con todo esto, se nos ocurren dos grandes líneas de trabajo:

  1. Trabajar los prejuicios y los estigmas sociales que hacen que no veamos hueco en nuestras empresas a las personas con discapacidad intelectual y/o enfermedad mental, o que se identifiquen para ellas tareas de escaso valora añadido.
  2. Extraer lecciones aprendidas y buenas prácticas de aquellas empresas que ya hayan trabajo en esta labor de contratación para facilitar que las empresas predispuestas-pero-algo-perdidas-en-cómo-hacerlo se animen a pasar a la acción.

Las diecisiete participantes tienen claro su compromiso social, cada una a su nivel y en la medida de sus posibilidades. Resulta interesante cómo, en la mayoría de los casos, no cierran la puerta -sino todo lo contrario, la dejan entreabierta- para propiciar un futuro en el que tengan cabida las mujeres que cuentan en nuestro Estudio. Bien favoreciendo la contratación directa y el trabajo de apoyo posterior, bien impulsando compras responsables a entidades que las incluyan en sus plantillas.

Hay esperanza, ¿no?

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